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Un polaco en la corte del palanquismo

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Buenos días, amigos.

Cómo cambian los tiempos. Quizás ustedes no lo recuerden porque son jóvenes, pero hubo un tiempo no muy lejano en el que LaLiga española se presentaba como un duelo entre los mejores equipos del mundo, que contaban entre sus filas con las grandes estrellas del firmamento futbolístico y en los banquillos con entrenadores laureados y carismáticos.

Los medios nos traen esta mañana, como mayor atractivo de la competición, un producto financiero opaco que ha recibido la aprobación del sistema, como quien coloca un bono en el mercado, aunque ni siquiera en el nombre hayan acertado. Podrían haberlo llamado, vayan ustedes a saber, bono convertible en acciones del club, titulización de acojoparticipaciones culés o algún nombre rimbombante en inglés, derivative swap (algo que ni su creador sabe qué es), pero hasta para eso los mandamases del Barça y LaLiga son torpes y yerran. Han elegido el término “palanca”, que suena como la herramienta que utilizan los cacos para forzar una puerta cuando quieren entrar en domicilio ajeno a delinquir.

Jan Laporta es el profeta del culerío que, cual Moisés enfrentado a un mar Rojo que le impide el paso, se presenta con varias palancas bajo el brazo (porque mostrar unos mandamientos de obligado cumplimiento habría sido demasiado para un club acostumbrado a saltarse cualquier tipo de norma), activa de modo torticero las mismas y consigue que se abran las aguas tebanas para que las oleadas de fichajes, equiparables en número a los extras que escapaban de Egipto en la peli de Cecil B. de Mille, puedan pasar al otro lado, el de las inscripciones.

Unos marcan goles sobre la bocina y logran remontadas para la historia de la Champions, y otros activan palancas dudosas. Y decimos dudosas porque lo es para buena parte de la prensa internacional, incluido el New York Times.

El periodista advierte sobre la figura de Jaume Roures, el empresario que ha puesto los 100 millones de euros necesarios para que el Barça pudiera inscribir sus fichajes, el mismo cuya filial en Francia quebró “spectacularly” el año pasado, dejando a los clubes franceses, no así a los cataríes, muy tocados en sus finanzas. El mismo empresario que puso el aval que necesitaba Jan para acceder a la presidencia, el mismo tipo que controla las imágenes de televisión y en su día el VAR, uno de los creadores del relato obsceno que nos muestran cada semana, ese sujeto que siempre aparece y al que nuestro Fantantonio retratara a la perfección en estas mismas páginas.

Lo que en otros países sería un escándalo, aquí no existe. No se comenta nada sobre un posible conflicto de intereses, ni hay sospechas sobre el hecho de que una empresa con tres millones de capital social y que facturó menos de medio millón de euros en 2021, Orpheus Media, haya podido poner 100 millones de palanqueuros para que el Barça pueda tener el equipo que Roures quiere ver sobre el campo.

Y si el empresario que pone buena parte del dinero para que el tinglao de Tebas funcione cada año dice que quiere ver un equipo y unos jugadores, quién es el presidente de LaLiga para negárselo.

Luz verde, carta blanca, nalgas abiertas, cualquier titular valdría para definir lo que nos parece todo esto. Pero somos el Real Madrid y debemos estar a lo nuestro, que es coleccionar títulos como el de la Supercopa hace apenas tres días. Cierto es que jugar bien y ganar aparece en las portadas con menor frecuencia que una palanca laportiana, pero eso es algo que no está en nuestras manos. La prensa madrileña recuerda cada día más a la cataculé y hoy todas las portadas se han puesto de acuerdo elevando a Lewandowski como reclamo del campeonato.

El Bota de Oro (que habíamos olvidado quién era) reta al campeón, y por ahí arriba, bien pequeño, podemos encontrar que un puñado de futbolistas del Real Madrid han sido nominados para acompañar a Karim Benzema en la gala del Balón del Oro con el que volverá a Madrid en unos meses. Nuestro Carletto aparece designado como candidato a mejor entrenador del año, si bien resulta difícil que su ceja pueda competir con los mejores panenkistas de los banquillos.

Pues eso, que viva LaLiga de la ilusión. Unos celebran títulos, otros activan palancas. Comenzamos empatados.

Por cierto, el primo de la prima de Monchi bajó ayer al campo a protestar. La noticia fue que no lo hizo en el Bernabéu.

Que pasen ustedes un buen día, no se nos apalanquen mucho en el sofá, que llega Laporta a sus casas y los ofrece como garantía de una próxima palanca.

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