Vacunarse contra las dudas

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Ahora toca levantar el vuelo de verdad. El Sevilla Fútbol Club se adentra en unas semanas importantes y continúa entre algodones. La portería y los laterales están en tenguerengue por la cantidad de partidos y viajes y, si a eso unimos que a nuestro entrenador le cuesta un mundo abrirse a nuevas experiencias, el panorama que tenemos por delante resulta cuanto menos inquietante. No obstante, es bueno mirar atrás, así lo señaló Gan al final del partido frente al Celta, y resulta pertinente comparar el inicio de esta temporada, tan lleno de dificultades y adversidades… algunas de las cuales, buscadas, todo hay que decirlo; con el de la pasada, en la que adelantarse en el marcador nos creaba inquietud a muchos sevillistas, y en eso recuerdo a Jul, por la falta de confianza que aún anidaba dentro del equipo.

No hace tanto de aquel tiempo en el que asistíamos al Sánchez-Pizjuán con la alegría y la inocencia de desconocer lo que el mundo nos iba a deparar. Muchos jugadores nuevos que no se conocían, fichajes recientes de dos directores deportivos con ideas, o mejor, aptitudes diferentes para el cargo, y una nueva idea de equipo y de futuro que estaba por hacerse. Un equipo inseguro, que apuntaba nuevas maneras pero que se sentía frágil a la hora de defender un resultado positivo, y que cambiaba a un registro más conservador, como el equipo pequeño que se sentía, hasta que con frecuencia acababa metiendo la pata. Aquella calamitosa segunda parte frente al Eibar supuso un antes y un después, quizás esta vez el Eibar haya marcado el cambio de rumbo de nuevo y, aunque los descalabros importantes como el del Mirandés aparecieron de nuevo, todo fue diferente desde entonces. En ambas ocasiones, se cruzaron pifias de porteros que pudieron costarnos caras. Aquella de Bono frente al Cluj nos hizo pensar lo mismo que la de Vaclik frente al Celta, que solo teníamos un guardameta de garantías. Y todos sabemos lo que fue y lo que es ahora Bono desde la lesión del portero checo, antes de las eliminatorias definitivas que nos llevaron al sexto entorchado UEFA. Por qué no esperar algo similar acerca del noble guardameta suplente, que se abrazó al entrenador que lo sentó en el banquillo tras la final frente al Inter de Milán. Por qué no.

Que la temporada pasada fuera como fue era inimaginable a estas alturas, por mucho que ya hubiésemos ganado cinco torneos europeos. La fortaleza que exhibió el equipo, su solidez, su solidaridad en el juego, su espíritu ganador… nos llevaron lejos y por poco, ay aquel error de En Nesyri, no nos encumbra en lo más alto del fútbol europeo.

Lo que vaya a suceder esta temporada no lo sabemos. Quién iba a imaginar, quién podía saber a estas alturas del año pasado, que acabaríamos enfundados en mascarillas, mirando con recelo a cada persona con la que nos cruzamos en la calle, indignados por la irresponsabilidad de todos menos la nuestra. Quién iba a pensar que la gente humilde, en lugar de alzar la voz para protestar contra quienes nos han subido a una patera al ochenta por ciento de la población, porque el ochenta por ciento de nosotros tenemos una vida que pende de un hilo que no manejamos, quién iba a pensar que esa gente, nosotros mismos, acabaríamos por darnos dentelladas unos a otros mientras permitíamos que los de siempre continuaran yéndose de rositas, esquilmando las últimas seguridades que nos quedan. Quién sabe lo que traerá todo esto, si la vacuna nos dará un respiro en la caída inexorable a la que estamos abocados. Y si no sabemos nada de esto, qué podemos decir acerca de si este será también nuestro año en el Sevilla Fútbol Club. Si será este otro año más de gloria, un nuevo paso adelante en el camino increíble que disfrutamos desde que decidimos poner pie en pared como club y como sociedad. Quién sabe si como sociedad, seremos capaces en el mundo de poner pie en pared algún día y cambiar el rumbo de la historia.

Mañana, y perdonen la digresión sobre la pandemia, comienza la segunda fase de la temporada. Por compararla con la estructura de una novela, acabamos de finalizar la presentación de la historia y pasamos al nudo, donde todo se cuece y determina el enlace que vendrá al final, ojalá que con mucha emoción también. Ojalá que Lopetegui dé con la tecla para superar las inconsistencias de estos meses, unas inconsistencias muy diferentes a las que pudieron superarse el año pasado… pero inconsistencias, al fin y al cabo. Ojalá que todos los futbolistas den el máximo y se suban al carro de la temporada y ojalá también que el entrenador sepa verlos y les dé el espacio que ellos y el equipo precisan. Es el momento de dar el do de pecho. En Rusia comienza este segundo e ilusionante capítulo. Nadie podrá quitarnos lo conseguido. Nadie podrá robarnos nuestros sueños. Y que ya que pronto estará aquí la vacuna frente a la covid, que pronto el equipo está vacunado contra sus propias dudas. Que así sea.