Se cumplen doce años del día en que cambió el fútbol español

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Alejandro Diago

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Un 29 de junio de 2008, España volvía a tocar el cielo a nivel europeo tras proclamarse campeona continental en la final disputada en el Prater Stadion de Viena.

El fútbol español volvía a levantar un trofeo 44 años después de la Eurocopa lograda en el Santiago Bernabéu ante la Unión Soviética. Y lo hacía dando una exhibición de fútbol a propios y extraños. Todo el continente se rindió al sistema de Luis Aragonés en un torneo donde España dominó de principio a fin.

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La primera fase lo dejó claro: 4-0 a Rusia, 2-1 a Suecia y otro 2-1 a Grecia. España llegaba con fuerza a los cuartos de final donde esperaba toda una campeona del mundo como era la selección italiana. La Azzurra de Donadoni volvía a cruzarse en unos cuartos de final de un gran torneo 14 años después. Y nos iba a llevar a los penaltis.

Entonces surgió la figura de Iker Casillas. El Santo apareció para guiar a España a las semifinales en un camino que Cesc Fábregas terminaría de abrir. La selección estaba entre los cuatro mejores del continente, y de nuevo Rusia se cruzaba en el camino. La selección de Arshavin, Akinfeev o Pavlyuchenko quería poner las cosas difíciles a España. Y lo consiguieron.

No sólo porque los primeros 30 minutos apenas dejaron jugar a España a su antojo, sino porque además David Villa tuvo que salir lesionado. Una incidencia que cambió el partido, ya que desde ese momento, los rusos no encontraron la forma de superar a España.

Con la batuta de Xavi Hernández y Andrés Iniesta y los goles de Dani Güiza España certificó un 3-0 único, que ponía la final en bandeja. Allí esperaba Alemania. No era la misma que en 2006, pero su sola presencia ya hacía presagiar que el partido no sería nada fácil.

Y no lo fue. La defensa alemana se mostró a la altura de la ocasión. Hasta que, en una jugada comenzada desde el medio campo, Fábregas puso un balón a Fernando Torres. El Niño iba a meter uno de los goles que más gritó España hasta ese momento. Todos los años de penurias quedaban atrás. España estaba a un paso de ganar la Eurocopa.

Aunque quedaba lo más difícil: aguantar las embestidas alemanas. Y así se hizo. El pitido final certificó la victoria española en una Eurocopa única. 2008, el año en que cambió todo.