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Artículo publicado por Javi Risco (Tw: @rscjavi).

Me atrevo a robarle a Joan Dausà parte de la letra de su canción No me’n vaig sense vosaltres, en la que pide que no le entierren aún, que no echen la tierra sobre la caja de pino. Este mensaje, aplicado a la Champions League, es el que se ha propuesto, por lo visto, Xavi Hernández transmitir no solo a sus jugadores (Javi Miguel afirmó que las primeras palabras en el primer entrenamiento después del empate ante el Benfica habían sido «¿Alguno de ustedes aquí cree que no podemos ir a Múnich a ganar?), sino a todo el entorno (aquí no me refiero a ninguna titella de ningún grupo empresarial). Que no den por muerto al Barcelona antes de la última jornada es algo bastante inverosímil para los que hemos seguido el recorrido del equipo a lo largo de estos cinco partidos de fase de grupos: desde la indiferencia contra el Bayern, pasando por la indignación en Lisboa, el alivio con sendas victorias frente al Dinamo de Kiev, hasta llegar a la ilusión y el optimismo que dejó el empate en el Camp Nou el pasado martes.

De entre los 9 resultados posibles que se pueden dar entre los dos partidos del grupo de la última jornada, es cierto que 7 de ellos darían con los huesos del Barça en los octavos de Champions (eso sí, frente a un líder de grupo, que salvo el del grupo G, son todos gigantes europeos). Sin embargo, esos dos resultados que mandarían al FCB a los dieciseisavos de Europa League, son los dos que se consideran más probables: un empate o una derrota en Múnich, junto a una victoria del Benfica en Da Luz. Es cierto que el Bayern puede ser el equipo más en forma (según algunos espacios lo es) de Europa, pero también lo es que las aguas del Isar bajan turbulentas. La discusión entre la directiva y los jugadores que han decidido no vacunarse sobre el recorte del sueldo mientras estos estén en cuarentena o contagiados ha enrarecido mucho el ambiente en torno al club bávaro. De hecho, Kimmich ha dado positivo en COVID y es seria duda para el último partido de esta fase de grupos.

El clamoroso fallo de Haris Seferovic en los últimos instantes del partido del martes deja abierta la puerta a la llegada del Barça al sorteo de los octavos de final, aunque eso pudiera sorprender a algunos, al fin y al cabo, el equipo no daba para más y era lo que había. El optimismo generado no solo por la mera llegada de Xavi, sino por la presión alta y asfixiante, un juego con extremos dando amplitud y los niños de la Masía demostrando que han llegado para quedarse ha impregnado a buena parte de la afición, que ahora sí que cree en lo que se ha bautizado en las redes como El Milagro de Múnich.

Yo sinceramente, soy demasiado pragmático como para pasarme todas las navidades llorando la ausencia (de producirse) del Barça en los octavos de Champions y el ultraje que significa jugar la Europa League. Si hemos de jugarla, ya volveré por aquí para mostrar mis motivos para no afrontar ese suceso como un problema, sino como una oportunidad. Al fin y al cabo, la afición y el club ya han ganado con la llegada de Xavi (y de Dani Alves, tampoco me olvido de él). Si el peaje por tener un proyecto de futuro estable, en el que la Junta cree y que va en la línea de lo que requiere este club y esta afición es no jugar unos octavos de Champions, que así sea.

Ya volveremos a jugarlos y, lo que me parece más importante, a afrontarlos con la idea de que hay que salir a ganar.

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