Lukaku viene y va

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Italia despierta a cualquiera y quien diga lo contrario es que lleva muerto varios años aunque no sea consciente de ello. Pisas ese país y caes rendido, hasta uno siente mariposas en el estómago cuando lo recuerda. El hechizo que ha sufrido Romelu Lukaku es fruto de ese amor, de esa pasión que uno siente cuando inicia una nueva aventura. Los primeros días, semanas e incluso meses, son mágicos. Ya sabéis, la ilusión aún no se ha tornado en rutina y cada acción coge tintes de primera vez. Pero con esa pasión no vamos a ningún lado sin mediar con el trabajo. Lukaku curra como ninguno y se esfuerza como pocos. Ahí está el tío, sosteniendo al Inter de Milán durante muchos partidos como esa escultura que evita que el edificio se venga abajo. Al delantero belga le da igual el contexto del partido, ya sea abierto con espacios o cerrado a cal y canto. Eso no importa, bajará un balón, dos, tres o hasta cien y dará continuidad al ataque de sus compañeros hasta que finalmente empuje con violencia el balón al fondo de la red.

Siempre me gustó Lukaku, desde aquel adolescente que se salía en competiciones europeas con el Anderlecht. Y aunque en el Everton me pareció ya uno de los mejores delanteros de la Premier, tuvo que recalar en el Manchester United para que su trayectoria se viera frenada. A decir verdad, si no te llamas Bruno Fernandes lo normal es que allí sientas una ligera involución. Como los grandes delanteros, que no buenos, Lukaku te aniquila de varias maneras diferentes. ¿Quieres dejarme espacio? De acuerdo, tírame el balón en largo que yo me encargo de correr setenta metros hasta entrar en el área. ¿Te quieres encerrar en el área? No hay problema, dame el balón que lo guardo de espaldas hasta buscar al compañero mejor colocado o ya me daré la vuelta hasta buscar un disparo. Conforme han ido pasando los años, el delantero ha ido incorporando nuevas facetas a su juego que le hacen ser totalmente indescifrable. Ya sabíamos que físicamente era una bestia, que terminaba las jugadas con total confianza, pero ahora a todo ello ha añadido su gran lectura del juego.

En cierto modo me recuerda a la reconversión que está sufriendo Harry Kane, ya no solo finalizan ahora también lanzan a sus compañeros por todo el frente de ataque. Se parecen a esos pívots de la NBA que en sus primeros años son los dueños bajo el aro, después aprenden a moverse con total agilidad por la pintura y finalmente lanzan de tres. ¿Quién frena a alguien con tantos recursos? Sus números este curso en Italia son una locura, acumula siete goles en siete partidos, perfora la red cada 76’. Pero más allá de esas cifras, habría que quedarse con su influencia sobre el verde. Cómo convierte a un buen equipo con un gran técnico en algo más, en un aspirante a dar guerra en cualquier competición por mucho que la historia de su club diga lo contrario. El Inter ha pasado de un nueve como Icardi que apenas tocaba el balón durante los noventa minutos, a otro que lo hace más de 40 veces por encuentro y que con toda la atención que recibe un futbolista de casi dos metros y cien kilos libera a un Lautaro Martínez que vive genial a su lado. La vida viene y va, pero el belga ha encontrado en Milán la estabilidad con la que llevaba tantos años soñando.

 


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Fotografía de Getty Images.