Los dos bolsillos de Julen Lopetegui

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El segundo año de proyecto de un equipo de fútbol, el que todos reconocen como el mejor de aquellos planes que no nacen torcidos, le dejó claro a Julen Lopetegui que se desarrollaría sin su artista. Éver Banega, genio creador de una idea capaz, por intensa y activa, de comprender toda su magia, decía adiós en el peor momento, con el cuadro ya enmarcado, el sol entrando por la ventana y su plenitud futbolística enamorando al sevillismo. Sin embargo, Julen, que va curtido de decepciones, ha edificado un equipo que no tiene tiempo para lamentos porque está tan ocupado en competir que no le quedan horas del día para caer en ellos; un equipo preparado para hacer de esta puntual penitencia una verdadera pasión por el gran anhelo de un vestuario: sentir que pueden ganar a cualquiera.

En una entrevista reciente con The New York Times, Iker Casillas, entre recuerdos y pellizcos del pasado, reconoce que, aún sin el debido tiempo para valorar en perspectiva histórica lo que había logrado la selección española en 2008, 2010 y 2012, la sensación más poderosa en aquellos días era una sola: “Podríamos haber jugado contra los Globetrotters o el Dream Team de los Juegos Olímpicos de Barcelona y hubiéramos ganado”. Ese sentimiento, un verdadero privilegio para un reducido grupo de personas en el ámbito del fútbol, seguramente no sea real para este Sevilla por su falta de talento ofensivo diferencial, pero tiene un valor semejante, en el reverso y matiz de esa sensación, sentir que nadie nos puede ganar. Y es ahí, precisamente, donde se levanta la gran obra del exseleccionador español. Puede que también su legado como constructor de equipos.

Mencionada la ausencia del argentino, su Sevilla vuelve a la Champions rindiendo culto a buena parte del fútbol que hoy domina el continente entre Flicks, Klopps, Nagelsmanns o Contes, mientras también rinde tributo a los mejores Sevillas del pasado reciente. A diferencia de sus tres rivales españoles (Barcelona, Madrid y Atlético), en Nervión gusta mucho la presión alta, el duelo intenso, las líneas juntas y alzadas de la escuela alemana, junto a un fútbol profundamente exterior, basado en el desborde, la aparición y el centro de extremos y laterales que identificó a Juande Ramos o Unai Emery. No en vano, en la temporada 2019-20 nadie centró más que ellos por encuentro en España (23 envíos combados al área cada domingo), un rasgo adquirido desde la energía colectiva y los pases de su cerebro. Gracias también a dos laterales machacones y eléctricos, y uno o dos extremos insistentes y tercos, obcecados en entregarle de vuelta a su cuerpo técnico la posibilidad de marcar diferencias desde la estrategia: durante la anterior campaña, tampoco nadie marcó más goles a balón parado en la Liga que el Sevilla (13).

 

La piel defensiva que habita el Sevilla se ha hecho tan dura como flexible, pues sólo necesita entender las circunstancias del partido para robar arriba o disfrutar sufriendo atrás

 

Asentadas las bases que conectan su historia con el presente, siendo un equipo actual, vigente, poderoso en las fases sin balón y con la mentalidad firme de iniciar el juego presionando los primeros pases del rival, el nuevo tirón de Lopetegui parece reforzar esa versión tortuga con la que hacerse fuerte, muy fuerte, en campo propio, mientras por el camino, en el día a día, intenta ser uno de los más intensos cuando la pelota está a punto de llegar a las botas de un rival. Cuando los entrenadores promulgan su interés en controlar todas las fases de juego, lo hacen porque, sobre todo en equipos dependientes de compras y ventas, en cualquier momento pueden perder talento y deben hacer crecer el que ya tienen. Y ahora mismo, excepción hecha de Lucas Ocampos, los mejores jugadores del Sevilla están atrás: Jesús Navas, Jules Koundé, Diego Carlos y Fernando Reges. Seguramente también se sume la experiencia de Ivan Rakitic.

Esto, en clave Copa de Europa, y tras haber levantado un nuevo título de Europa League, posiciona al Sevilla en un cajón determinado en el que, quien sabe, descansa en soledad. Y eso es todo valor. La piel defensiva que habita el Sevilla se ha hecho tan dura como flexible, pues sólo necesita entender las circunstancias del partido para robar arriba o disfrutar sufriendo atrás. Los ejemplos de Bayern Munich y Barcelona, a las puertas de su debut en esta Champions, anticipan qué puede hacer el Sevilla en una eliminatoria de abril: arrebatar iniciativa o cederla sin arrodillarse; capacidad para que pase el tiempo sin pasarlo mal, determinación en los últimos minutos, protección de ventajas en el marcador, resistencia ante avalanchas y, principalmente, habilidad para detectar lo que ocurre para después elegir templar o elegir golpear.

Michael Herr, uno de los grandes cronistas bélicos del último medio siglo, presente en Vietnam y guionista de Apocalypse Now o Full Metal Jacket, describió el interior de los bolsillos de los soldados en misión con una frase que bien podrían ser los de un futbolista en los momentos más determinantes de una eliminatoria europea: “Tranquilizantes en la izquierda, estimulantes en la derecha”. Lopetegui y su Sevilla tienen por delante una competición que, por distinción táctica y estilística, por recursos a balón parado y dirección de campo, también por control emocional ante el acoso o el miedo, debería de tenerles muy en cuenta para cualquier instancia. Los bolsillos de Lopetegui están sobradamente preparados para librar guerras.

 


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Fotografía de Getty Images.