
La Galerna
·2 de abril de 2025
Ligas negras sin Negreira

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·2 de abril de 2025
Durante las semanas previas a la liga 2022-23, Joan Laporta hacía desesperados malabares para desatarse de la camisa de fuerza que le suponía la norma del Fair Play Financiero, relativa a la relación exigida entre ingresos y egresos, que le impediría acometer fichajes para la venidera campaña.
No fue hasta la activación de las ahora muy populares “palancas”, y ofreciendo la garantía de los ingresos (“esperados, mas no efectivos”) de la venta de Barça Studios a la empresa Libero, lo cual Javier Tebas dio por bueno y suficiente, que el presidente blaugrana consiguió la inscripción de 4 jugadores que posteriormente serían claves en la consecución del título de esa temporada (Lewandowski, Raphinha, Koundé y Christensen).
Dos temporadas más tarde, el dinero relativo a la venta de Barça Studios que justificó la inscripción de los mencionados futbolistas sigue sin aparecer. Sin embargo, el F. C. Barcelona sigue contando en su palmarés con aquella liga, en detrimento de esos que sí cumplen con unas reglas que se suponen de obligatorio cumplimiento para todos. Algo verdaderamente difícil de comprender, y más digno de un torneo municipal que de una competición con el prestigio de la Liga Española de Fútbol Profesional.
Dos temporadas más tarde, el dinero relativo a la venta de Barça Studios que justificó aquellas inscripciones sigue sin aparecer. Sin embargo, el Barça sigue contando en su palmarés con esa liga, en detrimento de los que sí cumplen con unas reglas que se suponen de obligatorio cumplimiento para todos
El verano pasado, aún con el desequilibrio no corregido en la relación ingresos/gastos del club catalán que dio lugar al mencionado precedente, la directiva blaugrana acometía nuevamente un mercado peliagudo y poco prometedor, puesto que la misma circunstancia le volvía a implicar la imposibilidad de incorporar refuerzos para la temporada actualmente en curso. Sin embargo, tal como sucedió en el caso mencionado antes, la LFP dio por buena otra “palanca” de Laporta, quien en esta ocasión, “insólitamente, sin aún cumplir con los ingresos pendientes de 2 veranos atrás”, volvía a prometer el dinero exigido para compensar el desequilibro económico que seguía dando lugar al incumplimiento del Fair Play Financiero.
Esta vez Laporta ponía sobre la mesa la venta de los derechos de explotación anticipados y por 30 años de 475 asientos VIP del Camp Nou por un valor de 100 millones de euros. Tras no llegar el dinero prometido antes de la fecha límite establecida (31 de diciembre de 2024), la Liga argumenta que la transacción no demostrada además ofrece indicios de estar vinculada con el entorno del club, lo cual supondría la adulteración de la competición en detrimento del resto de los equipos, por lo que se negó oficialmente el alta de Dani Olmo y de Pau Víctor como jugadores blaugranas.
Muy a pesar de lo anterior, esta vez fue el Gobierno español, a través de una medida cautelar otorgada por el Consejo Superior de Deportes, a saber con qué insensata o perversa motivación, y contraviniendo una sentencia judicial firme, quien avaló las irregularidades del Barça respecto a cumplir con las leyes que sí exigen al resto de los participantes en la competición. Conviene tener presente que el incumplimiento del Fair Play Financiero implicó perjuicios tremendos a otros clubes (multas e incluso descensos de categoría, entre otros). Sin embargo, gracias a la anuencia del CSD, además de los ilegítimamente activos miembros del plantel del primer equipo del Barça (Lewandowski, Raphinha, Koundé y Christensen), ahora también Olmo campa a sus anchas por los estadios españoles dando asistencias y marcando goles claves para que su equipo mantenga el primer puesto del campeonato, a la fecha en que les escribo estas líneas.
El Barcelona está en camino de ganar su segunda liga en 3 años contando con el aporte inestimable de jugadores legal, técnica y moralmente inhabilitados para jugar en cualquier sistema coherente, ético y justo
Para colmo del indigerible despropósito, la auditoría contratada para validar las cuentas del F.C. Barcelona, según publica El Confidencial, se negó a dar por buena la palanca referida a los 100 millones de euros producto de la supuesta venta anticipada de los palcos VIP del Camp Nou. Y digo “supuesta”, porque también nos cuenta el mismo informativo que repentinamente el ingreso relacionado a esa operación se ha “evaporado” de los estados financieros del Club catalán.
Así las cosas, el Barcelona está en camino de ganar su segunda liga en 3 años contando con el aporte inestimable de jugadores legal, técnica y moralmente inhabilitados para jugar en cualquier sistema coherente, ético y justo. No obstante, y a todas luces podemos comprobarlo, no es el caso de la máxima competición futbolística española, quien ha sido incapaz de hacer prevalecer el cumplimiento de las normas, claras y manifiestas, y con ello la justicia y la transparencia de una competición, hoy, triste y manifiestamente adulterada, véase por donde se vea.
Más allá de lo obsceno del caso, lo que más llama la atención y perturba la paz interna de aquellos que queremos creer en la equidad y la justicia del sistema es que no haya un pronunciamiento, un clamor público, generalizado, social y mediático, que condene tan grotesco y aberrante ultraje a la salud de una competición que se supone de inmenso prestigio. E intuyo que la falta de denuncia general, la ausencia de voces que clamen decencia y respeto a los que sí cumplen las normas se debe a que el único competidor directo del perpetrador de las mencionadas aberraciones, y por lo tanto único doliente directo y recurrente del hecho, es el Real Madrid, por lo que poco importa al resto, ya que les da exactamente igual que gane uno o el otro, o si el campeonato es justo o no, en ese particular sentido (muchos incluso celebrarán que prevalezcan los intereses del Barça ante los del Madrid).
La ausencia de voces que clamen decencia y respeto a los que sí cumplen las normas se debe a que el único competidor directo del perpetrador de las mencionadas aberraciones, y por lo tanto único doliente directo y recurrente del hecho, es el Real Madrid
Lo anterior explica que ante la comprobada e irrebatible aberración jurídica y moral de haberle pagado durante 17 años al vicepresidente del Comité Técnico Arbitral, así como los casos de las mencionadas “palancas” de Joan Laporta, los demás clubes y exponentes mediáticos miren hacia otro lado, avalando sin vergüenza ninguna de las irregularidades propias de una república bananera, en lugar de exigir una impugnación de esas ligas irrebatiblemente adulteradas y, por lo tanto, ilegítimas.
Lamentablemente, la mencionada dinámica respecto a la impunidad, la complacencia y la anarquía generalmente aceptada es reflejo de España, de Europa y del mundo de hoy, en el que muchas batallas pareciera que no merece la pena siquiera jugarlas, porque la meritocracia aparenta estar herida de muerte. Es por ello, por ejemplo, que ante la nula fe en los marcos legales, la abstención arroja porcentajes escandalosos en procesos electorales en el mundo entero, a la vez que cada vez son más los madridistas que, rendidos a las evidencias, empiezan a desistir, agotados, de creer en una Liga Española que, aun sin Negreira, sigue siendo indignante, asquerosa y bochornosamente negra.
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