✍️"La parábola de "jugadorazo" que asombró al mundo" por Barrio Bravo

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Manuel Domínguez

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Fue a los 24 minutos del segundo tiempo cuando el Camp Nou se dio tiempo para un respiro y enfriar con aplausos los nervios propios de un derbi caliente. Los aplausos, además, servían para despedir de la cancha a uno de los canteranos más reconocidos del club catalán como es el caso de Cesc Fabregas, de tibio cotejo, así como del innato esfuerzo de los hinchas por apretar en algo los segundos cuando estos corren a favor de la mínima ventaja, y también para recibir en el campo de juego al delantero chileno Alexis Sánchez.

Alexis, tras dos temporadas en el cuadro culé, la primera positiva, la segunda apenas regular, de la mano del técnico Tata Martino parecía avanzar en la confianza extraviada luego de que Pep Guardiola, el estratega que lo llevó de Italia a Catalunya, diera un paso al costado tras su primera temporada.

Tito Vilanova, el sucesor de Pep, nunca le encontró la vuelta. Alexis tampoco a Tito. Martino, en cambio, renovó el diálogo con el tocopillano, lo integró en una nueva posición en el vestuario, y también le encontró la vuelta al espíritu indómito de Alexis, quien lo venía demostrando partido a partido, con grandes jugadas y goles, por lo que su aparición en el cotejo más importante del fútbol español, y quizás del mundo, no era una casualidad ni tampoco de extrañar.

El público culé, sin embargo, se dividía ante la figura de Alexis. Para muchos de los aficionados y especialistas se trataba de un talentoso y colaborativo jugador, pero para otros no respondía al exquisito paladar al que estaban acostumbrados desde el Dream Team de Cruyff.

Comparado a Neymar y Messi, las dos grandes estrellas de la ofensiva, Alexis obtenía el aprecio de los hinchas por ser un atacante luchador en la cancha, y un tipo sencillo y alegre fuera de ella, sin embargo, hasta ese día aún no obtenía el crédito de “jugadorazo”, mote que él mismo se había dado meses atrás y por el cual recibió decenas de burlas.

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¿Qué tan consciente era Alexis de sus detractores? Lo suficiente como para perder los dos primeros balones que tocó. Las murmuraciones resoplaron de inmediato. Mas, el talante de Martino, quien confiaba ciegamente en las condiciones del chileno, era inmutable. Martino creía en el arrebato natural de su dirigido, creía en ese instinto de potrero, confiaba en el hambre. Otro que confiaba ciegamente en sus condiciones era el propio Alexis, quien, a pesar de sus yerros, mantuvo su ánimo a tope, como si se tratara de las secuelas de los gritos de un par de viejas aburridas mirando una pichanga cualquiera.

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Sánchez no se cagó y prosiguió con su espíritu eléctrico persiguiendo rivales, recuperando balones, y ofreciéndose siempre como receptor de la jugada corriendo a los espacios. Parecía un maldito demonio infatigable que en breves minutos descompuso el ritmo de los defensores y mediocampistas del Real Madrid, así como impulsó el segundo aire de su equipo.

Fue con la aparición disruptiva de Alexis Sánchez cuando en el intercambio de presiones llegó la contra para el local. Barcelona recuperó el esférico, y en dos toques rápidos el balón llegó a Neymar. El brasileño, astuto, envió a correr en profundidad al chileno, que estaba fresco. Alexis empujó sus piernas a toda velocidad, ató el balón en sus pies, y dejó atrás a Pepe, a la media cancha, y al pasado. El balón, como si se tratara de magia, en la misma carrera desapareció del estadio, regresó con el de Tocopilla al barrio, y se dejó llevar por la fibra resuelta de los cracks. También desapareció de la vista de Varane, que intentó ciego atrapar la figura de un Alexis Sánchez luminoso, que amagó por vocación la primera, por talento en la segunda, y luego acarició la redonda por crecimiento.

Diego López, el portero merengue, se encontraba en ese momento a unos metros de la línea del arco, los metros justos que abrieron la puerta de la Astucia, del fútbol en su estado puro. Alexis, en una milésima de segundo, resolvió empalar el balón con la derecha. La parábola fue perfecta. El Camp Nou, estupefacto mientras el balón flotaba camino hacia a la malla, incendió la temperatura cuando este dejó atrás la estirada de López, a través de un grito atronador.

Luego de ser envuelto por los abrazos de sus compañeros, Alexis caminó al otro lado de la cancha, miró a Martino, luego miró a las gradas…había regresado al Camp Nou, pero ya no era el mismo.

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