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La contradicción de la Generación Dorada chilena

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“Ahora ya sé lo que es ganar”, cantaba, orondo, Arturo Vidal, en un viralizado video en el que iba conduciendo un coche por las calles chilenas luego de que su selección ganara, por fin, y por primera vez en su historia, la Copa América de 2015 como local, luego de superar al conjunto argentino, con Lionel Messi, por penales.

Todo Chile se conmovió con esa conquista, El plantel fue recibido por la presidente Michelle Bachelet en el Palacio de la Moneda, y la euforia aumentó cuando al año siguiente, ya con otro argentino en la conducción, Juan Antonio Pizzi, volvió a ganarle al mismo rival, por la misma vía para llevarse la segunda Copa América, disputada en los Estados Unidos como conmemoración del centenario de la Conmebol.

Por si fuera poco, en 2017 “La Roja” se dio el gusto de participar como campeona de América en la Copa de las Confederaciones de Rusia, en la que llegó a la final y allí cayó ante la sólida Alemania, aún cuando los europeos jugaron con mayoría de suplentes.

Hasta ese momento, era claro que aquel equipo chileno era considerado como “la Generación Dorada”, con logros que no se habían alcanzado ni en tiempos de Elías Figueroa, Alberto Quintano, Carlos Caszely, Leonardo Véliz o Sergio Ahumada en los setenta, ni con Iván Zamorano y Marcelo Salas en los noventa. Ya había estado a punto de eliminar al local, Brasil, en aquel dramático partido de octavos de final del Mundial 2014, cuando el travesaño devolvió un remate de Mauricio Pinilla que le pudo haber dado la clasificación y cayó en los penales, y muchos consideran que todo comenzó con los cambios que introdujo otro argentino, Marcelo Bielsa, con miras al Mundial de Sudáfrica 2010, en el que también fue eliminada por Brasil en los octavos de final.

Sin embargo, todo aquello que parecía marcar un nuevo rumbo, un camino diferente a lo que hasta 2010 mostraba la historia, comenzó a desmoronarse con la eliminación y por lo tanto ausencia del Mundial 2018, un año después de haber llegado a la final de la Copa Confederaciones, algo que parece bastante contrastante: en el mismo lugar (Rusia), donde Chile se colocaba como la segunda mejor selección del mundo en una de las competencias, al año siguiente no estaría presente en el Mundial.

Desde entonces, comenzaron los grandes interrogantes sobre esa generación y varios de sus jugadores top, como Claudio Bravo, Gary Medel, Arturo Vidal o Alexis Sánchez, por citar a los más emblemáticos.

Todos ellos pasaron a clubes europeos de élite, pero casi de manera paralela, se fueron diluyendo en sus carreras. Si Bravo, Sánchez y Vidal pasaron por el Barcelona de Lionel Messi o por la Premier League o la Serie A, según el caso, no tuvieron la continuidad y la regularidad que se esperaba. Hoy Bravo se encuentra en un buen momento en el Betis que conduce un director técnico chileno ilustre, como Manuel Pellegrini, pero Medel juega en el Bolonia, y Sánchez (que viene subiendo de nivel) y Vidal no son titulares en el Inter de Simone Inzaghi.

Hay coincidencias entre los analistas del fútbol chileno en que el actual entrenador de la selección nacional, el uruguayo Martín Lasarte, es el que pudo ser para el contexto actual y no el que quizá fuera el más indicado para el tipo de plantel y aunque se lo destaca por sus valores humanos, e lo critica por no haber aportado algo distinto, un plus, desde lo táctico o estratégico ni parece haber sacado el máximo provecho de algunos jugadores que el día de mañana “La Roja” extrañará.

Esta próxima semana, los partidos ante Argentina en el desierto de Calama, y ante Bolivia en la altura de La Paz, serán claves para determinar cuántas chances de ir al Mundial de Qatar tiene este equipo que hoy se encuentra fuera del certamen, compartiendo el sexto puesto con Uruguay, y a un punto de los quintos, Colombia y Perú, cuando ya se alejaron Brasil y Argentina (ya clasificados) y Ecuador y con cuatro plazas directas y una quinta para un repechaje a falta de cuatro fechas para que finalice el torneo.

El aporte del inglés nacionalizado chileno Ben Brereton, del Blackburn Rovers, que ni siquiera habla castellano, y una nueva generación que avanza, con Erick Pulgar (Fiorentina), Francisco Sierralta (Watford), Guillermo Maripán (Mónaco), Jean Meneses (León), Enzo Roco (Elche) y Paulo Díaz (River) puede ser fundamental para lo que viene, que es crucial: retornar a la élite, en Qatar, o volver a quedarse afuera por segundo Mundial consecutivo, que implicará más de una década de aislamiento.

El contexto no es fácil. Ante Argentina (ya clasificada aunque al mismo tiempo, sin Messi, implicará que el equipo quiera demostrar que el equipo albiceleste puede obtener buenos resultados sin su máxima figura), no podrán jugar ni Vidal (suspendido) ni Mauricio Isla, ni Meneses ni Sierralta, todos por Covid positivo. Tampoco ayudan estos tiempos tan complicados, es cierto.

En estas horas, lo que hasta hace poco fue la “Generación Dorada” se juega mucho sobre cómo será recordada en el futuro, si por la gloria de los primeros títulos o por un final gris, muy distinto a todo lo que venía prometiendo.

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