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Humilde Luka

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Cualquiera de las virtudes que pudiéramos imaginar en un deportista, también en uno cuya dedicación sea el fútbol, adornan una figura admirable por su actitud y su pericia. Luka Modric ha sublimado la forma de encarar su profesión y las soluciones que resuelven los problemas en el verde, antes nunca vistas, casi sobrenaturales.

Luka Modric ha sublimado la forma de encarar su profesión y las soluciones que resuelven los problemas en el verde, antes nunca vistas, casi sobrenaturales

Tan particulares características lo convierten en futbolista único, digno de ser aclamado en vida futbolística, legendario. De la estirpe de los pioneros, cuya memoria perdura por fuerza de la tradición oral —pues ni siquiera había imágenes en movimiento o estaban lejos de alcanzar la nitidez de la realidad—, y en el rango de los que permanecen en lugar selecto en los últimos decenios, ya con las cámaras dando fe detallada de lo que acontece.

Convertido su talento en sencillez sorprendente, capaz de encontrar cualquier línea de pase por laberíntica que sea; de acomodarse en el ángulo propicio para encaminarla; de jugar con los espacios para burlar contrarios; de calcular superficies en un psicosegundo para dominar el encuentro, Luka Modric es la mayor inteligencia del fútbol, un físico matemático dominador de los encuentros con la firmeza invariable de fórmulas que encierran el funcionamiento del mundo, también del balompié.

Luka Modric es la mayor inteligencia del fútbol, un físico matemático dominador de los encuentros con la firmeza invariable de fórmulas que encierran el funcionamiento del mundo, también del balompié

Más allá de la aparente frialdad de los números, a su exactitud conceptual añade la armonía de una danza en la que bailan sus compañeros y los contrarios, con el balón como eje de una ceremonia envolvente, que también arrastra sin remisión —hipnotizados por el rito— a sus fieles, llevados por la fuerza de lo nunca visto, fieles cuya cuantía también progresa con cada festival.

Lejos de sestear a la espera de la ocasión, como actúan los que se creen genios, Luka siempre trabaja para que la inspiración no le caiga mientras huelga. Así, labora con firmeza en tareas reservadas para la tropa y no para el Capitán General sin que le importe un comino, pues sabe que más que su lucimiento importa la suerte del equipo. De forma insólita, sólo al alcance de los elegidos por los dioses, consigue ambas cosas, y brilla con una naturalidad pocas veces vista, casi me atrevería decir que inédita.

Lejos de sestear a la espera de la ocasión, como actúan los que se creen genios, Luka siempre trabaja para que la inspiración no le caiga mientras huelga

Luka va y viene por el partido aplicando su oficio o su genio, el hábito o la imaginación, según venga la jugada y convenga al encuentro con la clarividencia de quien sabe lo que va a ocurrir segundos antes de que pase, antes incluso que los propios ejecutores. Y así, mientras los instantes se suman para configurar minutos, como el tiempo pasa, Luka Modric despliega el inmenso talento con su preciso y estético cuentagotas.

Y el Bernabéu se rinde ante él, y dentro de poco lo ovacionarán sólo con hacer el paseíllo, pues conjuga el duende de Curro Romero y la fiereza de Ruiz Miguel, que nunca rehuía un Victorino. Y le rinde culto, porque encarna la esencia de este club, lo que los aficionados buscamos, el arquetipo virtuoso al que dio vida Bernabéu.

Tan particulares características lo convierten en futbolista único, digno de ser aclamado en vida futbolística, legendario

Y a este humilde escribidor, que ha visto ya tantos deportistas en su vida, y que cree reconocer a los únicos, le tiembla el pulso, emocionado, mientras escribe estas líneas, igual que la piel se le eriza cuando ve desenvolverse a un mito, a alguien que ejecuta lo imposible con la sencillez de los jardineros que arreglan en el descanso el césped que pisan las estrellas. Quizás muchas lo hagan, seguro que ninguna tan digna, tan admirable, tan envidiable como Luka Modric, que ha tocado en vida y sin quererlo la perfección. ¡Los dioses del fútbol guarden a este daimon!

(Nota: Hesíodo llama a los daimones seres benéficos que dispensan riquezas. Y los hombres de su tiempo llamaban a Pitágoras daimon, hombre divino, semidiós).

Getty Images.

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