Griezmann y el don de la (in)oportunidad

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Pese a que pone mucho de su parte para ser decisivo, Antoine Griezmann sigue sin encontrar su hueco en el sistema ofensivo del FC Barcelona.

El Barça dejó escapar contra el Getafe la posibilidad de sumar tres puntos después de ver perder al Madrid en casa ante el Cádiz. La derrota azulgrana, en parte, se dio por sus escasas ocasiones y la ineficacia de jugadores como Antoine Griezmann para transformarlas.

Su segunda temporada

El internacional francés afronta el año II como jugador del Barcelona. Eso, de entrada, implica que ya tendría que dar por finalizado el famoso ‘año de adaptación’ que suelen necesitar las estrellas extranjeras que aterrizan en el Camp Nou. Nada más lejos de la realidad, Griezmann se encuentra en el mismo punto de partida que en agosto de 2019, incluso peor. En el curso anterior no se acopló a la dupla Suárez-Messi, y su relación futbolística con el argentino sigue sin fluir como debería, pues Leo no se lo termina de creer como socio.

Andrés Montés se preguntaba por qué todos los jugones sonreían igual, pero Messi no ve en Griezmann ni un atisbo de sonrisa.

La posición ideal

Seguramente es de consenso popular que donde el ‘principito’ rinde mejor es como segunda punta o enganche. Siempre por detrás de un delantero centro referencia. El dilema en can Barça viene porque ni hay un delantero centro para ser titular (Braithwaite no), ni en la posición de enganche (que el año pasado no existía) sobran puestos.

El francés, en su segunda temporada, se encuentra con que el mediapunta titular es Coutinho y su recambio natural es Pedri, e incluso Messi podría jugar ahí. Koeman, por lo visto, solo contempla al bueno de Antoine rellenando las bandas o sacrificándolo en punta para que sus compañeros luzcan mientras él cargue con el trabajo que nadie quiere realizar.

El don de la oportunidad

Pese a su falta de encaje colectivo, su falta de feeling con sus compañeros en ataque y su desnaturalización en el campo, Antoine Griezmann sigue siendo un futbolista de élite que juega para uno de los equipos con más peso ofensivo del mundo. Lo normal, incluso sin que el contexto le ayude, sería sumar cifras goleadoras con relativa facilidad. Sin embargo, el ex del Atlético no solo nunca está ni en el momento adecuado ni en el sitio adecuado, sino que cada vez le cuesta más definir de cara a portería, como en el mano a mano delante de Soria.

Esa montaña de situaciones desfavorables no ayudan para nada a un jugador que venía con unos dotes para apuntalar una línea atacante histórica. Ahora, su don más llamativo es el de la (in)oportunidad.