Griezmann, ver pero no tocar

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Daniel Cadena Jordan

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Las cosas con el francés parecían cuestión de tiempo en un inicio, pero ya no más.

Antoine Griezmann fue el fichaje estelar del Barcelona esta temporada, y para recibir dicha distinción también se deben recibir las exigencias que ello conlleva.

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A la par de la cada vez más trágica resolución de la Era Setién, el messista más grande que hay, está una caída de gracia aún más estrepitosa y al son de la frustración de una afición que no puede contar con él.

Griezmann ha anotado apenas un gol en lo que va de 2020, sin haber podido dar un pase-gol desde el 7 de diciembre, un claro indicativo de lo poco productivo que ha sido. En total, las dianas que tiene son 8 y las asistencias 4, en 31 apariciones, excluyendo el encuentro ante el Atleti.

En comparación a los números que firmó la campaña pasada, de por sí una en la que estuvo en la mira, las cosas sólo parecen marchar peor y peor.

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Para esta misma jornada la temporada pasada, ya Griezmann había anotado los 19 tantos ligueros que acumuló, además de dar 8 de las 9 asistencias que dio en la campaña 2018/19.

Un declive deportivo que no sólo puede explicarse por lo vivido en las canchas, sino también por el desarrollo traumático de una temporada gris en lo futbolístico y turbulento en lo interno. El vestuario es duro, cada vez menos unido, y eso no ha sido sino evidente recientemente con Setién, pero previamente ya lo era hacia el francés.

¿O es que en nada quedaron los rumores de que ‘no le caía bien a Messi’?