Endrick, Morata y la nobleza | OneFootball

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La Galerna

·26 de enero de 2022

Endrick, Morata y la nobleza

Imagen del artículo:Endrick, Morata y la nobleza

Buenos días. “Más desangelado que un portanálisis de La Galerna una mañana de parón CONMEBOL”. La expresión hizo fortuna en la Villa y Corte a comienzos del siglo XVII y se le atribuye al Conde Duque de Olivares, quien según los mentideros la habría acuñado a lo largo de un paseo también mañanero con su prima Inés de Zúñiga y Velasco, prima a la sazón también de Monchi y a la cual terminaría por desposar (el Conde Duque, no Monchi).

—Repare Vuesa Merced en el gol de chilena de Endrick en el Palmeiras y prive así a este amanecer, perlado de rocío, del cariz fatalista que le atribuye— habría repuesto Doña Inés.


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—Vive Dios que no pierdo ni por un instante de vista dicho tanto— habría respondido el noble, aka Gaspar de Guzmán y Pimentel Rivera y Velasco de Tovar—, si bien mis suspiros se inclinan más por el logrado por el mismo mancebo con pierna zurda y desde el medio campo que también honra YouTube, así como por esas ceñidas curvas que a mi vista vuelven a presentarse ahora, y que a la sazón ya apartáronme del seminario, voluptuosa prima. Ahí sí que se inclinan mis suspiros.

—¿Será por ventura cierto que el hidalgo Juni Calafat ya lanzó sus redes sobre Endrick?— habría susurrado por toda respuesta Doña Inés, no cambiando de tema como pudiera parecer, sino dejando que su blanca pasión superara incluso a la muy ardiente que su pariente le inspirara.

—Todo pudiera ser, pues no en vano el gracioso caballero D. José Félix Díaz bebe de aguas generalmente fidedignas, y el mercado brasileiro, tanto mejor cuanto más lozano, ha sido vivero propicio desde el arribo en Valdebebas de Vini Vidi Vicious. Hablando de vicios...

—¿Y lo de Morata?— habría carraspeado la gentil dama, interrumpiendo a su pariente—. ¿Estará de Dios que tan noble caballero pueda al fin cumplir su sueño, largamente acunado, y recale en la ventana invernal en el jardín del Padre Apeles?

—La clave de lo de Morata, prima, hállase en el licenciado Dembélé, a quien Dios confunda muy mucho por no avenirse a renovar su contrato a trueque de los magros maravedíes ofertados. El tal Ousmane créese libre laboralmente hablando, como si estuviéramos en el siglo XXI. Por demás, Maese Álvarez de Mon tiene sobradamente explicado que es necesario hacer hueco salarial antes de inscribir nuevos jornaleros. El innoble Seitán no ha cejado de revolcarse en el cieno, entre alaridos de compunción, a cuenta de las revelaciones de su némesis sobre este extremo. Hablando de extremo, observad cómo...

—¿Quién es Seitán?— habría vuelto a interrumpir Doña Inés—. ¿Aquel afanoso ganadero?

—No, ese es Setién. Seitán es un lebrel corto de honra, pero profuso en burdas asechanzas, que arrastra una y otra vez sus trazas de bufón por el fango del bochorno youtubero. Muéstrase incapaz de asimilar la docta superioridad de Maese Álvarez, con cuya preparación y bonhomía no podrá compararse ni aunque viva más años que el Sevilla. Mas olvidemos a Seitán y a Setién, oh aliento de mi afán carnal, y descarnemos lo nuestro.

—Lo nuestro es una entelequia, primo, un vacuo espectro de sombras malhadadas. No hay “lo nuestro”.

Cuentan que, en ese punto, el Conde Duque de Olivares anímicamente desplomose. Había albergado esperanzas de yacer con Doña Inés que él había dado por fundadas. Aún, sin embargo, habría de emplearse largo tiempo en las artes del galanteo antes de consumar su conquista. No sería en esta mañana de gélidas gotas de rocío (en que ni La Galerna, atenazada por el virus CONMEBOL, tenía apenas material para un portanálisis ortodoxo) cuando daría rienda suelta a su pasión.

—Para conquistarme, primo, habrás de esgrimir el talento poético de portanalistas como Paco Sánchez Palomares, Andrés Torres, Rafa Barney, Quillo Barrios o Rafa Moreno. Habrás de lucir el físico exuberante de Rafa Nadal y la ambición vital de los hombres de Pablo Laso, que ayer devastaron al Unics para demostrar que la derrota en el Clásico fue un accidente, y uno además auspiciado por una demencial actuación arbitral.

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Cuentan que el Conde Duque de Olivares, desazonado, detuvo su paseo y sollozó calladamente. Pero cuentan también que Doña Inés, conmovida, apeló al madridismo de ambos para evitar que su historia se archivase.

—No me seáis culé, primo. Enjugad ese afectado lagrimeo y persistid en vuestro intento. Miraos en el espejo de los hombres gallardos (nada que ver con Juancho) que acabo de mentar, y jamás os rindáis, pues quién sabe si no habrá en mi persona una espita de deseo capaz de abrirse en flor en el minuto 92:48. Hasta el final: vamos, Real.

PD: Mucha fuerza, Unzué.

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