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·2 de octubre de 2022

«El vaso, ya roto, de Julen Lopetegui»

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En situaciones delicadas, muchos tienden a ver estas con el vaso medio lleno en caso de ser optimistas por naturaleza o medio vacío en caso de no ser pesimistas pero si un poco más realistas. Con este ejemplo, resumimos a un Julen Lopetegui que ha roto por completo ese vaso que en este inicio de temporada estaba para muchos medio lleno y para otros más medio vacío.

La situación del Sevilla es de crispación y tensión total. Por todos lados. Los resultados no llegan y las cosas pueden ir a mayor. No obstante, la única solución y más viable a corto plazo es la destitución de un Julen Lopetegui que tendrá que pagar los «vasos rotos», cambiando un poco el refranero español, de una planificación pésima en muchos aspectos; timming y no llegada de perfiles concretos y certeros, la no inversión de jugadores en varias demarcaciones del campo y sobre todo, varios condicionantes como la situación económica que arrastraba el equipo y que la propia entidad ha ocultado a sus aficionados hasta final del mercado.

El foco ilumina a todos

Todo ha sido muy rimbombante con la situación de Lopetegui. El consejo de administración a la hora de la toma de decisiones lo ha hecho absolutamente todo mal, tanto en timming como con las formas –querían al técnico vasco fuera desde el tramo final de la temporada pasada y Monchi le dio un voto más de confianza-.

Lopetegui, por méritos propios,-batiendo récords en puntos y clasificaciones champions– se ganó el continuar en el banquillo pero con la crispación que había al acabar la temporada y la situación peliaguda que dejó, todo era un cara o cruz para el vasco en su cuarta temporada como técnico del Sevilla. O salía bien o salía mal y ya sabemos como está el Sevilla ahora.

Más allá del entrenador hay que hacer una revolución total en la entidad, un cambio de aires que pasa por un cambio de perspectivas en muchos departamentos, sobre todo ya lo digo en tema de marketing y marca. No hay ilusión hoy en día en el sevillismo medio. En el partido de ayer todo parecía monótono, como si ya supiéramos lo que iba a pasar. Y eso, para una entidad como es el Sevilla y la fidelidad de sus aficionados, no debe ocurrir.

Sea como fuere, volviendo al tema deportivo, esa efectividad que tenía el Sevilla de Lopetegui para conseguir resultados sin mostrar sensaciones excelente ya la ha perdido y era su principal bastión, el gen competitivo de la plantilla y lo difícil que era ganarle. Ahora, parece haberse esfumado esa cualidad en el plantel y la cabeza visible de todo ello solo pasa por la de un Julen Lopetegui que ya ha terminado su ciclo como entrenador del Sevilla FC.

No todo es infinito

A modo de opinión siempre he sido un fiel defensor de Julen Lopetegui en sus buenos y no tan malos momentos. Los que me conocen y me escuchan lo sabrán de sobra.

No en vano, defendía a ese Lopetegui que era insistente y eficaz arriba pese a tener un problema en la fase ofensiva con la ocupación/ataque de espacios a ese Lopetegui que transmitía carácter, sacrificio y saber estar a sus jugadores en el campo y a ese Lopetegui que pese a que el equipo no hacía un buen partido sacaba resultados positivos y tenía capacidad de resiliencia en sus peores momentos.

Eso, lo reflejaba mismamente el 10 de Enero de 2022 cuando allá por esas fechas el equipo andaba en un vaivén de sensaciones. Ahora, 2 de Septiembre de 2022 la situación es totalmente radical. La idea de Lopetegui es indefendible a más no poder y quién no lo vea así no es realista con uno mismo.

En estos momentos, el vaso de Lopetegui está roto y el Sevilla tiene que encontrar a un «vidriero» que intente, en el menor tiempo posible, reparar ese vaso de ilusión y optimismo a base de buenas sensaciones y resultados que ha perdido la parroquia sevillista con el equipo.

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