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·18 de septiembre de 2023

El Madrid sigue jugando a lo que quiere Kroos (o lo intenta)

Imagen del artículo:El Madrid sigue jugando a lo que quiere Kroos (o lo intenta)

La frase, claro, no es mía sino de Casemiro, que definió con esas palabras, hace ya tiempo, la importancia crucial del manejo de los partidos de Toni Kroos en el Real Madrid. Lo que sí es mío es el paréntesis, donde trato de matizar que el entendimiento futbolístico del alemán no está siempre al alcance cognitivo del resto de sus compañeros. No es su culpa, son grandes jugadores pero no tienen el partido en la cabeza como lo tiene Toni. Allí dentro se dan cita un sinfín de flechas y cifras entre sonidos burbujeantes, como sucede en el ordenador de Simon Pegg en cualquier entrega de Misión Imposible, pero lo que para nosotros sería ininteligible, aun en el improbable supuesto de tener acceso a esa pantalla, para Kroos es de una simpleza casi redundante.

Lo que para nosotros es ininteligible, para Kroos es de una simpleza casi redundante

Toni Kroos es un futbolista sabio en el más moderno sentido de la palabra. Sabe lo que hay que hacer, y sabe hacerlo porque sus botas están provistas de sensores que envían toda la información a la computadora de Pegg. Yo vivo en la contradicción de estar de acuerdo con los que opinan que ha llegado el momento de que la nueva guardia releve a la vieja mientras, con el otro ventrículo del corazón, sigo muriendo de devoción por Toni. Si esa devoción sobrevivió a sus tatuajes, que no le pegan lo más mínimo, no veo por qué no va a sobrevivir a Camavinga.


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Leo con asombro a mucha gente diciendo que Toni jugó mal contra la Real. Para mí fue el mejor del partido junto a Carvajal y Kepa. Lo malo es que entiendo sus razones, que es lo que me tortura, aunque me asombra que traten de aplicarlas a este partido concreto. Sus normas son juiciosas, pero deben tener la honestidad intelectual de admitir que el encuentro del domingo fue una excepción clamorosa, de las que hacen replantearse las cosas.

El Madrid está ensayando ahora una presión alta que no encaja con el juego minucioso, poco físico del 8 blanco. Yo aplaudo rabiosamente ese nuevo estilo, sobre todo porque ahora tenemos los jugadores para llevarlo a cabo, pero no tengo fuerza para prescindir del metrónomo. Contra los de Imanol, es verdad que Toni no ayudó a Fran contra Kubo, como la magnitud balompédica del japonés probablemente aconsejaba. Es seguro que Camavinga lo habría hecho mejor.

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Pero hay una parte de mi ser que responde sin pudor: ¿y qué? ¿Ustedes vieron cómo en muchas fases sus balones largos fueron el único modo de superar la presión realista? ¿Vieron cómo todo lo que hacía tenía sentido, cómo el balón se dirigía milimétricamente, en cada jugada, al único punto aconsejable para un desmarque eficaz, o para descargar el juego de la única manera exigible? Nadie en el planeta juega así. Casemiro, en efecto, proclamó que el Madrid juega a lo que quiere Kroos, aunque hay partidos en que dan ganas de responder: “Más quisiera el Madrid”.

Casemiro proclamó que el Madrid juega a lo que quiere Kroos, aunque hay partidos en que dan ganas de responder: “Más quisiera el Madrid”

Va a haber sitio para todos. Los entusiastas del cambio de paradigma en el centro del campo —entre los que diría que me incluyo— debemos templar los ánimos, atemperar la jugada como hace el propio Toni, ponderar y domar las estridencias. Él sabe y respeta que hay compañeros jóvenes, dotados de una calidad y pujanza desbordantes, que tienen que asentarse a despecho a veces del propio Kroos, pues sólo caben once. Esos compañeros saben y aceptan que ese señor es el mismísimo Toni Kroos, y que habrá que tenerlo muy claro para dictaminar que uno merece jugar tal o cual partido en su lugar. Aprovechemos esa armonía para explotar tanta variedad de opciones, y gocemos mientras se pueda de la poesía futurista del robot más reluciente del mundo.

Pese a los tatuajes.

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