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El laberinto de Rodrygo

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En la final de la Supercopa de España, ese torneo que se celebra en Arabia Saudí para que algunos se hagan ricos mientras pregonan el 'Football for the fans', el Real Madrid ofreció una fantástica imagen ante el Athletic Club, especialmente en unos extraordinarios sesenta minutos iniciales. El equipo funcionó como un reloj, pero me llamó poderosamente la atención la versión más vertical y desenfadada de Rodrygo.

No es fácil destacar en un Real Madrid en el que Kroos hace bailar a propios y extraños, en el que Luka Modric es Benjamin Button o en el que Karim Benzema parece instalado en un eterno baile de salón. Sin embargo, Rodrygo irrumpió con fuerza y, por momentos, se hizo dueño de la escena.

El brasileño hizo recular a su par en todo momento. Obligó al Athletic Club a correr hacia atrás y a multiplicar las ayudas para intentar contener una banda derecha con la que no contaban. Rodrygo fue una tormenta incansable, un agitador que recordaba a los inicios del Vinicius eléctrico y desenfadado de hace ya varios años. Sin tener las mismas cualidades que su compatriota, sí dejó claro que puede ser un atacante explosivo con más recursos que un buen golpeo o una alta capacidad asociativa.

Días después, ya en Copa del Rey, en un contexto totalmente diferente y con más suplentes que titulares a su lado, Rodrygo volvió a la versión conservadora, esa en la que no arriesga e intenta firmar un encuentro académicamente perfecto. En un momento dado, eso puede valer, incluso en el Real Madrid, pero no será sostenible con el paso del tiempo.

A día de hoy, Rodrygo se encuentra en un laberinto que puede definir su futuro en el club blanco y, por qué no decirlo, su carrera. Con Mbappé a punto de llegar y Brahim Díaz llamando a la puerta no tardando mucho, las opciones de hacerse con un hueco al lado de Vinicius y Benzema se van a ir complicando y sólo la mejor versión de Rodrygo le permitirá sentarse junto a ellos en la mesa.

Rodrygo tiene que ser más veces el de la Supercopa de España y menos el de la Copa del Rey. O se atreve o corre el riesgo de quedarse a medio camino, y no hay nada más peligroso en el Real Madrid que un sí pero no. Este club no espera a nadie, ni siquiera a los que, por cualidades y registros, lo tienen todo para vestir la elástica blanca durante muchos años.

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