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El eterno debate del compromiso

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¿Están los jugadores obligados a dar muestras de lealtad hacia su club para poder jugar en él? La afición no duda en ello, pero el rendimiento sigue siendo el factor clave en la formación de opiniones.

En la actualidad, nos hemos acostumbrado a que cada jugador que fiche por un nuevo equipo se vea en el compromiso de transmitir su total lealtad para poder irrumpir en el mismo sentimiento de pertenencia del aficionado. Se procede a un extenso estudio de investigación por encontrar las coincidencias o las siete diferencias. Fotos con camisetas, mensajes encriptados, el color de su vestimenta, o la típica frase en los actos de presentación: “es un sueño que tengo desde pequeño”. Todo ello por conseguir crear una identidad perfecta entre jugador, club y seguidores. Pero que, en la mayoría de casos, termina en la denominada “traición” cuando se produce la separación entre sus caminos.

Dejarse engañar depende de la satisfacción de cada uno, pero verdad solo hay una: los jugadores no son seguidores de un club, sino simples trabajadores. Son veletas que se van moviendo según la procedencia de su nómina. Hay excepciones, claro está. Por ejemplo, aquellos jugadores que son formados desde adolescentes o más profundamente en las raíces de un club, como ocurre en La Masia, el ejemplo perfecto. Por esta razón, el valor del FC Barcelona es tan único, porque consigue formar a jugadores según unos ideales que representan su filosofía y que resulta muy complicado desligarse de ella. ¿Por qué, entonces, en un proceso de recuperación económica como está sufriendo el FC Barcelona aún hay jugadores, formados o no en el club, que no sacrifican parte de su salario para recuperar el pasado? Porque, como me remito al principio del párrafo: son meros trabajadores.

Las últimas noticias sitúan a Ousmane Dembélé más cerca de la renovación que de su marcha del club, cuando esta parecía la opción más probable por las altas pretensiones económicas que ha demandado su agente, Moussa Sissoko, durante toda la temporada. Esas exigencias, al mismo tiempo, se han convertido en un impedimento para encontrar un nuevo equipo debido a que nadie está dispuesto a asumir una excesiva inversión sin estar garantizado su éxito por su inestabilidad física. Por tanto, le ha salido en rojo la apuesta al clan francés. Debido a ello, ahora se exige entre los rencorosos aficionados que sea el FC Barcelona el que obligue a Dembélé a aceptar unas reducidas condiciones económicas para renovarle. ¿El motivo? La ausencia de «fidelidad». ¿Qué ocurre con Gavi, entonces? Un jugador que apenas supera la mayoría de edad, canterano, con un agente que ha pertenecido al club como Iván de la Peña, ambos conocedores de la frágil situación financiera, y que no dejan de poner trabas a una renovación más caracterizada de una superestrella que de un adolescente. ¿Es diferente el compromiso mostrado por Gavi que el de Dembélé? En distintas medidas, ambos carecen de ello, pero es más paradójico el del canterano porque, como jugador formado en La Masia y en el que se ha depositado una absoluta confianza a pesar de su edad, la renovación no debería contener ningún tipo de problema.

Sin dar un notorio protagonismo a la fidelidad en el devenir de un proyecto, para mí su máxima representación está presente en aquellos jugadores que, con una mejor situación deportiva o económica, tomaron la firme decisión de fichar por el FC Barcelona, como fue el caso de Éric García, Ferran Torres o Memphis Depay. Casualmente, los tres ampliamente criticados por un rendimiento dudoso. Porque la hipocresía termina reinando entre las diferentes opiniones de expertos, aficionados o directivos: el compromiso queda en el olvido si no se produce rentabilidad deportiva.

¿Necesita el Barça jugadores que muestren lealtad al proyecto? Sí. ¿Necesita el Barça jugadores que únicamente destaquen por su rendimiento? También. El Barça no se puede permitir prescindir tanto de Dembélé como, principalmente, de Gavi, pero tampoco poner a su disposición todos sus deseos porque sería repetir el mismo proceso de Josep María Bartomeu que condujo a la deriva actual. La consecución de resultados en uno, dos o más años debe ser el plan prioritario, y para ello el club necesita de los mejores jugadores posibles. Olvidad el compromiso porque, desgraciadamente, es un concepto desgastado en esta industria que es el fútbol.

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