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En un momento dado

·2 de octubre de 2022

Áreas a falta de extremos

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El Barça jugó el sábado en Mallorca un partido desnaturalizado. Tras el parón de selecciones y con un buen puñado de novedades en la alineación, el conjunto azulgrana lució caras nuevas en todas las líneas. A pesar del noticiable regreso de Ansu Fati a la titularidad, los cambios más reseñables fueron los de la defensa y el mediocampo, ya que tanto por número como por impacto participaron más decisivamente en la definición del encuentro. Esta temporada, el de Xavi es un equipo que, en muchos sentidos, orienta tanto a sus laterales como a sus interiores hacia la creación de contextos de juego beneficiosos para los extremos. No por nada el Barça del egarense nació con las incorporaciones de Ferran Torres y Adama Traoré, así como con la apuesta del técnico por Ousmane Dembélé, y ha continuado este verano con el importante fichaje de Raphinha. El Barça de Xavi mira hacia Lewandowski, pero también hacia sus extremos.

En la banda derecha, por ejemplo, los dos primeros meses de competición han afianzado a Gavi en el interior dibujando movimientos que faciliten la llegara del balón a la posición del extremo, o el encaje de Koundé en el lateral que tiene la doble misión de engrasar la construcción del juego en el costado y de aclarar los duelos uno contra uno de Raphinha o Dembélé cuando el galo actúa en el carril diestro. Mientras tanto, desde la banda izquierda parten los pases diagonales de Pedri y Eric que, cambiando la orientación del juego, llevan el esférico al perfil contrario, o las carreras hacia arriba de Balde con las que el lateral permite que el extremo se desenganche de la cal y pueda aparecer por dentro. En Mallorca, sin embargo, las parejas fueron diferentes. Con Gavi reubicado a la izquierda de Busquets, el interior derecho fue para Kessié, que ocupó una posición muy adelantada, casi como acompañante de Lewandowski para sumar efectivos en el área contra el 1-5-4-1 de los de Aguirre.

El marfileño se desenganchó poco de la última línea. No bajó a los apoyos ni trazó desmarques hacia la banda especialmente pronunciados, lo que simplificó el tipo de defensa con la que Capote lo enfrentó. Para el central local, Kessié fue un delantero más, que no le obligó a salir en anticipación a la espalda de los pivotes ni a abandonar el centro para cubrir sus carreras hacia los costados. El hecho de que la vigilancia del ex del Milan recayera de forma tan directa sobre uno de los tres centrales mallorquinista, también liberó al mediocampo bermellón, que pudo concentrarse y repartir esfuerzos en el resto de azulgranas. Baba, el pivote izquierdo, pudo salir sobre Busquets cuando el capitán dejaba atrás a Muriqi sin miedo de comprometer su espalda, y Kang-in Lee apoyar a Jaume Costa sin la distracción de otra referencia, algo que sí consiguió Pedri en el segundo tiempo. Para Dembélé, que compartió la banda con un Balde incómodo a pierna cambiada y que no encontró su lugar en los ataques, la consecuencia fue que difícilmente recibió la pelota en situación de uno contra uno, sino que su marcador normalmente contó con la cobertura cercana de alguno de sus compañeros.

Tampoco Ansu encontró lo que necesitaba en la izquierda. El canterano, que por el momento no parece encontrar el punto físico óptimo para recorrer la diagonal entre la cal y la frontal del área, extrañó un mayor protagonismo de Jordi Alba en banda que le permitiera asentarse en pasillos interiores de forma sostenida. El lateral izquierdo culer esperó atrás, sin terminar de ejercer como señuelo para atraer marcas rivales, ni de participar en la circulación como un centrocampista ocupando el espacio que dejaba la posición adelantada de los interiores. Aun así tuvo el Barça la opción de activar la relación Ansu-Lewandowski, una pareja llamada a entenderse de forma fluida gracias a sus rutinas de movimientos favoritas. Apareciendo el canterano en la mediapunta para sacar de línea a un central y abrir la puerta al desmarque del polaco; o yendo Robert al apoyo para que sea Fati quien sorprenda corriendo hacia el área. Un chispazo les bastó para poner a los azulgranas por delante. Ter Stegen y Christensen fueron los encargados de que el botín no resultara escaso.

Y es que a pesar de jugar contra un Mallorca replegado, del dominio que ejerció Piqué en las salidas aéreas hacia Muriqi, y al hecho de tener a ambos laterales poco proyectados, el duelo no fue unidireccional. Los de Aguirre tuvieron dos caminos para adentrarse en campo del Barça. Uno pasó por Kang-in Lee, que varias veces logró recibir el cuero a la derecha de Busquets para sacar a su equipo. En la zona que esta temporada, cuando el interior derecho presiona alto, el Barça está tapando bien con la cobertura del lateral derecho por dentro o bien con la anticipación del central diestro. Ni Balde, en una posición nueva y muchas veces sujetado por Jaume Costa, ni un Piqué prudente adelantando la línea para no exponerse a campo abierto, llegaron a atar en corto al coreano. El otro camino del Mallorca fue el que transitó Pablo Maffeo por el lado de Jordi Alba, aprovechando las dudas que la posición del carrilero podía generar a la línea de cuatro del Barça para castigar la zona del lateral y sumar complejidad al gran partido de Christensen. Con el danés, con Ter Stegen y con Lewandowski, el Barça hizo valer su fuerza en las áreas el día en que su discurso hasta llega a ellas sonó menos claro que otras veces.

– Foto: Alex Caparros/Getty Images

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